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VISITA PASTORAL DEL PAPA FRANCISCO A MILÁN

SALUDO DEL SANTO PADRE
A LOS HABITANTES DEL BARRIO FORLANINI-CASE BIANCHE*

Solemnidad de la Anunciación del Señor
Sábado, 25 marzo 2017

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

¡Gracias por vuestra bienvenida, tan calurosa, muchas gracias! Sois vosotros los que me recibís a mi entrada en Milán y es para mí un gran regalo: entrar en la ciudad encontrando rostros, familias, una comunidad.

Y gracias por los dos regalos tan particulares que me habéis ofrecido.

El primero es esta estola, (el Santo Padre se la ha puesto) un signo típicamente sacerdotal, que me conmueve de una manera especial porque me recuerda que vengo aquí, entre vosotros como sacerdote, entro en Milán como sacerdote. Esta estola no la habéis comprado ya hecha, la habéis creado aquí, la han tejido algunos de vosotros de forma artesanal. Esto la hace mucho más valiosa; y recuerda que el sacerdote cristiano es elegido por el pueblo y para servir al pueblo; mi sacerdocio, como el de vuestro párroco y el de los otros sacerdotes que trabajan aquí, es un don de Cristo, pero está “tejido” por vosotros, por vuestra gente, con su fe, sus fatigas, sus oraciones, sus lágrimas... Esto es lo que veo en el signo de la estola. El sacerdocio es don de Cristo, pero “tejido” por vosotros, y esto es lo que veo en este signo.

Y luego me habéis dado esta imagen de vuestra Madonnina: cómo era antes y como es ahora, después de la restauración. Yo sé que en Milán me recibe la Madonnina, en lo alto del Duomo; pero gracias a vuestro regalo, la Madonnina me recibe ya a partir de aquí, a la entrada. Y esto es importante porque me recuerda la solicitud de María, que corre al encuentro de Isabel. Y la atención, la solicitud de la Iglesia, que no se queda en el centro a esperar, sino que sale al encuentro de todos, en las periferias, sale también al encuentro de los que no son cristianos, incluso de los no creyentes...; y lleva Jesús a todos, que es el amor de Dios hecho carne, que da sentido a nuestras vidas y nos salva del mal. Y la Virgen no sale al encuentro para hacer proselitismo, ¡no! Sale para acompañarnos en el camino de la vida; y también el hecho de que haya sido la Madonnina la que me esperaba a las puertas de Milán me ha hecho recordar cuando de niños, de chicos volvíamos de la escuela y estaba mamá en la puerta esperándonos. ¡La Virgen es madre! Y llega siempre antes, sale antes para acogernos, pare esperarnos. Gracias por esto. Y también es significativa la restauración: esta Madonnina vuestra ha sido restaurada, como la Iglesia siempre tiene que ser “restaurada”, porque está hecha por nosotros, que somos pecadores, todos, somos pecadores. Dejémonos restaurar por Dios, por su misericordia. Dejemos que nos limpien el corazón, sobre todo en este tiempo de Cuaresma. La Virgen está libre de pecado; no necesita restauración, pero su estatua sí, y así, como Madre, nos enseña a dejarnos limpiar por la misericordia de Dios, para dar testimonio de la santidad de Jesús. Y hablando fraternalmente, una buena confesión nos hará mucho bien, a todos. Pero pido también a los confesores que sean misericordiosos.

¡Gracias de todo corazón por estos regalos! Y, sobre todo, gracias por estar aquí, por vuestra acogida y vuestra oración que me acompaña a la entrada de Milán. El Señor os bendiga y la Virgen os proteja. Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

Y ahora recemos a la Virgen

(Ave María y bendición)

Y ¡hasta pronto!


* Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

 



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