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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS JÓVENES ITALIANOS DEL SERVICIO CIVIL NACIONAL

Aula Pablo VI
Sábado 26 de noviembre de 2016

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Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

No hay que olvidar lo que ha dicho el señor ministro: la protección social. El terremoto que tenemos junto a nosotros... seguir adelante; proteger a esa gente y proteger a los que están en peligro de un terremoto humano, que viene desde dentro, que están solos, abandonados, descartados, en esta cultura en la que gusta tanto descartar a la gente. Gracias por ello, señor ministro, y esperemos que este desafío suyo sea recibido por todos nosotros. Gracias.

Y estoy contento por este encuentro, quince años después de la promulgación de la ley que ha instituido en Italia el Servicio Civil Nacional. Saludo al ministro, al sub-secretario y a las otras personalidades institucionales, como también a los responsables de los entes promotores de los proyectos y los trabajadores que les siguen. Mi saludo va dirigido sobre todo a vosotros, queridos jóvenes, que habéis elegido dedicar una parte de vuestro tiempo y de vuestra vida a un proyecto de voluntariado y de promoción social. La gratuidad del voluntariado, también por un tiempo determinado, representa una riqueza no solo para la sociedad y para quienes disfrutan de vuestra obra, sino también para vosotros mismos y vuestra maduración humana.

Sois una fuerza preciosa y una fuerza dinámica del país: vuestra aportación es indispensable para realizar el bien de la sociedad, teniendo en cuenta especialmente a los miembros más débiles. El proyecto de una sociedad solidaria constituye la meta de toda comunidad civil que quiera ser igualitaria y fraternal. Ese objetivo es traicionado cada vez que asistimos pasivamente al crecimiento de la desigualdad entre las distintas partes sociales o entre las naciones del mundo, cuando se reduce la asistencia a los sectores más débiles sin que se garanticen otras formas de protección; cuando se aceptan peligrosas lógicas de rearme y se invierten recursos valiosos para adquirir armamento —una verdadera plaga actual, esta— o cuando el pobre se convierte en una amenaza y en lugar de tenderles la mano se los relega a su miseria.

Todas estas actitudes representan una herida de nuestra sociedad y de su cultura, introduciendo en ella criterios y prácticas que inducen a la indiferencia y la opresión, que empobrecen la vida, no sólo de quien es olvidado o discriminado, sino también del quien olvida o discrimina, el cual termina por encerrarse en sí mismo y excluye el encuentro con la carne de los hermanos, que camino obligado para encontrar el bien. Mediante vuestro servicio, estáis llamados a desempeñar una función crítica respecto a estas perspectivas contrarias a lo humano, y una función profética que muestre cuánto sea posible pensar y actuar de manera distinta.

Entre las diversas áreas de intervención de los proyectos del Servicio Civil, una mención especial se merece la protección del medio ambiente, teniendo en cuenta el criterio de una ecología humana, que nos permita reconocer el estrecho vínculo entre el cuidado del medio ambiente y el del hombre y se dé cuenta de las graves consecuencias de la degradación ambiental en la vida de las personas, especialmente de los más pobres. Otro ámbito de acción que debe ser particularmente importante para vosotros es el de la ayuda a los refugiados y migrantes, los cuales piden ser socorridos e integrados en el tejido social. Italia está admirablemente comprometida en esta tarea —¡es un ejemplo!—; al expresar mi aprecio por todo ello, exhorto a proseguir con valor tanto en el plano de la acogida concreta como en el de la sensibilización y de una verdadera integración. Gracias por la labor que hace Italia.

Una consideración especial merecen también todos los otros proyectos educativos y asistenciales del Servicio Civil Italiano, con los cuales, de varias maneras se acompaña a niños, jóvenes, personas discapacitadas, marginadas y necesitadas de ayuda. Durante estos meses, además, un compromiso extraordinario ha sido pedido a las poblaciones golpeadas por el terremoto, a las cuales renuevo mi cercanía y mi ánimo. Que todas estas realidades se conviertan para vosotros en ocasiones de crecimiento humano y de compartir experiencias, conocimientos y sensibilidad.

Queridos jóvenes, os deseo que sigáis el camino que da plenitud de significado y de alegría a vuestra vida. Este camino no es igual para todos, pero cada uno puede encontrar el más adecuado a su personalidad, a sus dones, a su situación. Sin embargo, hay coordenadas comunes, fuera de las cuales no se puede encontrar, y una de estas coordenadas es precisamente la del servicio. Seguramente el camino del servicio va contracorriente respecto a los modelos dominantes, pero en realidad cada uno de nosotros se siente feliz y realizado sólo cuando es útil para alguien. Esto libera en nosotros nuevas energías, nos hace percibir que no estamos solos y amplía nuestros horizontes. Os invito a caminar por esta senda del servicio y a tomar como modelo perfecto de humanidad a Jesús, que dejó lugar a los demás en sí mismo hasta donar su vida.

A las instituciones, a las cuales doy las gracias por su trabajo en favor de los jóvenes ocupados en el año de servicio voluntario, pido que se hagan cada vez más promotores de un verdadero espíritu solidario en la población. Que esta sensibilidad sea cada vez menos ocasional y más estructural, hasta estar presente en toda acción de los diversos sujetos públicos y privados. El grado de civilización de un pueblo, de hecho, se mide en base a la capacidad de respetar y promover los derechos de cada persona, empezando por los más débiles.

Os doy las gracias por este encuentro. Invoco sobre vosotros y vuestros proyectos la bendición del Señor, para que os ayude a actuar siempre de manera valiente y desinteresada, mirando lejos hacia los horizontes de la esperanza. Y por favor, rezad también por mí. Gracias.

 



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