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VIDEOMENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
CON MOTIVO DE SU VIAJE APOSTÓLICO A CHIPRE Y GRECIA

[2-6 de diciembre de 2021]

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¡Faltan pocos días para nuestro encuentro y me estoy preparando para venir como peregrino en vuestras magníficas tierras, bendecidas por la historia, la cultura y el Evangelio! Vengo con alegría, precisamente en el nombre del Evangelio, sobre las huellas de los primeros grandes misioneros, en particular de los apóstoles Pablo y Bernabé. Es bonito regresar al origen y es importante para la Iglesia, para reencontrar la alegría del Evangelio. Con tal ánimo me dispongo a esta peregrinación a las fuentes, que pido a todos que me ayuden a preparar con la oración.

Al encontrarme con vosotros podré saciar la sed en las fuentes de la fraternidad, tan valiosas mientras acabamos de iniciar un itinerario sinodal universal. Hay “una gracia sinodal”, una fraternidad apostólica que deseo mucho y con gran respeto: es la espera de visitar a las queridas beatitudes Chrysostomos e Ieronymos, jefes de las Iglesias ortodoxas locales. Como hermano en la fe tendré la gracia de ser recibido por vosotros y encontraros en el nombre del Señor de la paz. Y vengo a vosotros, queridas hermanas y hermanos católicos, reunidos en esas tierras en pequeños rebaños que el Padre ama tan tiernamente y a los cuales Jesús buen Pastor repite: «No temas, pequeño rebaño» (Lc 12,32). Vengo con afecto a llevaros el aliento de toda la Iglesia católica.

Visitaros me dará también la oportunidad de beber de las fuentes antiguas de Europa: Chipre, descendencia de Tierra Santa en el continente; Grecia, patria de la cultura clásica. Pero tampoco hoy Europa puede prescindir del Mediterráneo, mar que ha visto la difusión del Evangelio y el desarrollo de grandes civilizaciones. El mare nostrum, que une tantas tierras, invita a navegar juntos, no a dividirnos yendo cada uno por su cuenta, especialmente en este periodo en el cual la lucha a la pandemia pide todavía mucho compromiso y la crisis climática cobra gran importancia.

El mar, que abraza muchos pueblos, con sus puertos abiertos recuerda que las fuentes del vivir juntos están en la acogida recíproca. Ya ahora me siento acogido por vuestro afecto y doy las gracias a los que están preparando mi visita. Pero pienso también en aquellos que, en estos años y todavía hoy, huyen de guerras y pobreza, llegan a las costas del continente y en otros lugares, y no encuentran hospitalidad, sino hostilidad y son también instrumentalizados. Son hermanas y hermanos nuestros. ¡Cuántos han perdido la vida en el mar! Hoy “nuestro mar”, el Mediterráneo, es un gran cementerio. Peregrino a las fuentes de la humanidad, iré a Lesbos, en la convicción de que las fuentes del vivir común volverán a florecer solamente en la fraternidad y en la integración: juntos. No hay otro camino, y con esta “ilusión” [deseo] voy a veros.

¡Queridos hermanos y hermanas, es con estos sentimientos que no veo la hora de encontrarme con todos, todos! ¡No solo a los católicos, a todos! Y sobre todos invoco la bendición del Altísimo, mientras llevo ya ahora delante de Él vuestros rostros y vuestras expectativas, vuestras preocupaciones y vuestras esperanzas. Na íste pánda kalá! [¡Qué estéis siempre bien! ]

 



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