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VISITA PASTORAL DEL PAPA FRANCISCO A GÉNOVA

ENCUENTRO CON LOS NIÑOS INGRESADOS
EN EL HOSPITAL PEDIÁTRICO "GIANNINA GASLINI"

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Sábado 27 de mayo de 2017

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Queridos hermanos y hermanas:

En mi visita a Génova no podía faltar una etapa en este hospital donde se cura a los niños. Porque el sufrimiento de los niños es ciertamente el más duro de aceptar; y por ello el Señor me llama para estar, aunque brevemente, cerca de estos niños y chicos y de sus familiares. Muchas veces me hago y me vuelvo a hacer la pregunta: ¿por qué sufren los niños? Y no encuentro explicación. Solo miro al crucifijo y me detengo ahí. Os saludo a todos los que trabajáis en este prestigioso centro, que desde hace ochenta años se dedica con pasión y competencia al cuidado y asistencia de la infancia, con el importante respaldo de la investigación. Expreso mi aprecio hacia los responsables del hospital, comenzando por el presidente de la fundación, el arzobispo de Génova, los médicos, el personal paramédico, todos los colaboradores de las distintas especialidades, así como a los Frailes Menores Capuchinos y a todos los que atienden y ayudan a los niños ingresados con amor y dedicación. Ellos, efectivamente necesitan también vuestros gestos de amistad, vuestra comprensión, vuestro afecto y apoyo paterno y materno.

Este Instituto surgió como un acto de amor del senador Gerolamo Gaslini. Él, para honorar a la hija fallecida a temprana edad, lo fundó despojándose de todos sus bienes: sociedades, establecimientos, inmuebles, dinero e incluso de su casa. Por lo tanto este hospital, conocido y apreciado en Italia y en el mundo, tiene una función especial: seguir siendo un símbolo de generosidad y solidaridad. En el acta de fundación del hospital, Gaslini estableció: «es mi firme voluntad que este instituto tenga como base y guía la fe católica [...] que fermente en toda actividad y conforte todo dolor». Nosotros sabemos que la fe obra sobre todo a través de la caridad y sin esta está muerta. Por eso os animo a todos vosotros a desarrollar vuestra delicada obra impulsados por la caridad, pensando a menudo en el “buen samaritano” del Evangelio: atentos a las necesidades de vuestros pequeños pacientes, inclinándoos con ternura sobre sus fragilidades, y viendo en ellos al Señor. Quien sirve a los enfermos con amor sirve a Jesús que nos abre el Reino de los cielos.

Deseo para este hospital, fiel a su misión, que pueda continuar con su apreciada obra de cura e investigación mediante la aportación y contribución generosa y desinteresada de todas las categorías y a todos los niveles. Por mi parte, os acompaño con la oración y la bendición del Señor, que de corazón invoco sobre vosotros, sobre todos los pacientes y sus familiares.

 



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